#Retos2017: Caminata al volcán Barú

volcán Barú

Alguna vez en la clase de Yoga una compañera que vivió algún tiempo en David, la capital de Chiriquí en Panamá, nos comentó que había hecho la excursión al volcán Barú, que era el punto más alto del país y desde el cual se podían observar —si tenías suerte— ambos océanos: Pacífico y Atlántico. En ese momento pensamos que era uno de los TO DO o cosas por hacer en ese país.

Mi lista de intenciones, metas y retos para el 2017 la hice en la playa el 31 de diciembre 2016. Incluí muchas cosas, pero hay dos que, particularmente, se relacionan con esta aventura: Visitar lugares nuevos que me permitieran vivir nuevas y diferentes experiencias y hacer cosas diferentes. Esta última, supone un verdadero reto para mí a lo largo del año, porque tiendo a crear hábitos y cuando algo me gusta o me habitúo me cuesta cambiarlo o atreverme a probar algo nuevo.

La decisión del viaje a Boquete —aunque era algo que se tenía en mente desde hace tiempo— se tomó con mucha rapidez. La idea era ir unos 4 días a conocer el destino, pero con la intención de hacer la caminata al volcán Barú, que es uno de los principales atractivos del lugar. Una vez reservado el hospedaje, me dediqué a leer e investigar en internet qué era lo necesario para el viaje.

Leí muchos blogs y comentarios de gente contando su experiencia. La mayoría describía la ruta Oeste que parte desde el pueblo de Volcán y supone un nivel de dificultad mayor. La gente que hacía esta ruta, generalmente, la hacía en el día, decidía acampar en el cráter y hacía el descenso al día siguiente, bien por la misma ruta Oeste o por la ruta Este, que es una trocha por donde suben algunos vehículos 4×4.

Tomé en cuenta las recomendaciones acerca de la cantidad de agua, insumos que se debían llevar, ropa específica para el frío, medicamentos, linternas, etc. Revisamos en casa lo que teníamos y decidimos salir a comprar lo que hacía falta. La idea era hacer la ruta Este durante la noche, ver el amanecer, descansar una hora y descender inmediatamente. Con todo lo necesario en la maleta, partimos a nuestro destino.

Salimos a las 9:30 a.m. de la ciudad de Panamá y llegamos a Boquete aproximadamente a las 5:00 p.m. Hicimos algunas paradas en el camino para comer e ir al baño y hubo ciertos retrasos por reparaciones en la vía entre Veraguas y Chiriquí.

Hostal boquete ruta volcán

Una vez registrados en el hostal, la persona que nos atiende nos pregunta si íbamos con la intención de hacer la caminata al Volcán y le dijimos que lo estábamos considerando. Tanto él, como la muchacha que lo asistía nos dijeron que era una ruta súper difícil y que para ellos no valía la pena el esfuerzo. Que debíamos estar preparados físicamente, que esa ruta era diferente a otras montañas, que el ángulo de inclinación era muy pronunciado, que la altura le pega a la gente, que el clima era diferente, que la gente se ahogaba, que pedía que los rescataran a los pocos kilómetros, que la ruta era de rocas y sólo podías ir con Hiking shoes (Yo sólo tenía zapatos de correr), que no debíamos ir de noche si era la primera vez, que no debíamos ir sin guías, que la gente se perdía, que habían vehículos que subían a la gente pero eran costosos y finalmente, que podíamos hacer otro sendero que era más bonito y menos forzoso.

Con ese preámbulo, comienzan a saltar las dudas y los miedos en tu cabeza. Te empiezas a cuestionar la idea por completo. ¿Estaré lo suficientemente preparado? ¿Qué voy a hacer con los zapatos?¿ Y si nos perdemos y no hay señal? ¿Tendremos que contratar un guía? ¿Cuánto nos cobrará? ¿Será mejor que no hagamos la caminata de noche sino durante todo un día? Yo nunca he hecho algo como esto. Él si está acostumbrado a hacer rutas de este tipo ¿Será que mejor lo hace él y yo me quedo? Y si después él lo hace y es una buena experiencia, me voy a arrepentir!. El volcán está supuestamente inactivo pero dicen que en 2006 hubo actividad sísmica y que hace erupción cada 500 años.¿ Y si el volcán decide hacer erupción?

Decidimos ir al pueblo a comprar algunas cosas que nos hacían falta de los comestibles. Después de todas esas historias de terror en tu cabeza, te preparas como si tuvieses que acampar y estar más de la cuenta. Nuestros insumos para dos personas constaban de: 4 barras de proteína, 4 latas de proteína líquida, 3 snickers, 2 manzanas,  Pan integral relleno de atún y queso, 4 juguitos de larga duración (de los que se usan en las loncheras) y 6,5 litros de agua. Adicional, llevábamos pastillas para el dolor de cabeza y el mareo, linternas, navaja, mat, manta, guantes para el frío, pasa montaña, sweaters adicionales, pares de medias adicionales, impermeables, hamaca, biblia, celulares.

Recorriendo el pueblo, entramos a un agente de turismo local, nos atendió el dueño y decidimos preguntarle su opinión por la ruta del volcán. Nos dijo: “No les voy a mentir, es una ruta dura y difícil, pero no vale la pena que contraten un guía. Les va a costar mucho dinero y no es necesario. No hay posibilidad de perderse por esa ruta. Les aconsejo que vayan al Hostal Mamallena, cerca del parque. Ellos reúnen un grupo todas las noches de gente que desea subir al volcán y los llevan en un transporte por 5$.”

Esta versión nos cambió un poco el ánimo y decidimos caminar hasta Mamallena para enterarnos de los detalles. El hostal estaba lleno de gente que entraba y salía. En la recepción había una pizarra explicando los detalles de la ruta hacia volcán y unos espacios en la parte de abajo para que las personas apuntaran su nombre en el día que quería subir. El mensaje explicaba que todas las noches salía un transporte hacia la entrada de la ruta del Volcán a las 11:30 p.m. (debías estar allí a a las 11:15 p.m.) Te explicaba que la caminata duraba aproximadamente 6 horas, que podías ir en Hiking Shoes o en Running Shoes (pero no converse ni crocs), que debías llevar ropa para el frío, tu agua e insumos. Pagar 5$ por entrada al parque y 5$ al transporte y que al regresar podías pedir un taxi o esperar el transporte público.

Con esta información estábamos más confiados y con algunas dudas claras, en definitiva haríamos la ruta al día siguiente en la noche. Tomamos un folleto del mostrador para ver las ofertas turísticas de la zona, que iban desde rutas del café, hasta aguas termales y rápidos. En la página de la excursión al Volcán Barú decía: “No pain, no gain” al lado de un número que indicaba el nivel de dificultad 4,5 de 5 —Sentí un nudo en el estómago—.

El día de la caminata decidimos no hacer ninguna actividad de gran esfuerzo, guardar  las energías para la noche y tratar de tomar una siesta en la tarde para  compensar el trasnocho que tendríamos luego. Yo aproveché de caminar por el lugar, tomar fotos, ir a la biblioteca del pueblo, leer,  degustar el café local —que es uno de los mejores del mundo—, etc. Nuestro intento por dormir en la tarde fue un fracaso. Puse mi alarma a las 9:00 p.m. y cuando sonó me di cuenta que no había podido dormir nada. No sé si por los cafés o la ansiedad del reto.

Cenamos a las 10:30 p.m. Intentamos incluir proteínas y carbohidratos y nos fuimos al hostal a esperar la salida. Cuando llegamos vimos que sólo estaban nuestros nombres en la pizarra, ¡El miedo nos invadió de nuevo!.  Bastó un segundo para darnos cuenta de que nos habíamos apuntado en el día equivocado. En el día correcto, se habían anotado dos personas más. Cuando llegaron, el muchacho de la recepción nos presentó, era una pareja de Brasil: Thiago y Ana Carolina. Thiago habla muy bien español y nos pudimos entender. Antes de salir nos dieron las últimas recomendaciones: “La caminata está hecha para hacerse en 6 horas, son 14 km hasta la cima. No se adelanten porque van a llegar a las 4:00 a.m. y van a tener que esperar 2 horas para el amanecer en condiciones muy frías. Vayan a paso normal, hidrátense y hagan sus pausas cada 2 o tres Kilómetros. Si se marean, bajen el ritmo. No hay manera de perderse, pero si encuentran bifurcaciones y tiene dudas, siempre deben tomar el camino de la derecha”. Con estas últimas recomendaciones,  nos montamos en el carro y nos fuimos….

El transporte te deja en las faldas del volcán, en la entrada del parque a unos 1.800 msnm, lo cual ya es una altura considerable. No hay nadie en la caseta a esa hora, por lo cual debes cancelar cuando bajas. Comenzamos el ascenso con nuestros amigos brasileros, quienes habían descargado la ruta  en google maps —por si acaso— y llevaban un reloj que registraba, además del tiempo, kilómetros y altitud.  La primera parada la hicimos a los 2,5 km para hidratarnos básicamente. La otra pareja aprovechaba de ir comiendo frutos secos o algo de fruta en cada parada.

Parada ruta al volcán barú

En el kilómetro 4 o 5, mi novio se da cuenta de que su mochila estaba demasiado pesada y decide dejar una botella de agua escondida detrás unas piedras en una plataforma/mirador. Hicimos esa parada y tomamos algunas fotos desde el mirador. No se puede describir con palabras el espectáculo que era mirar el cielo nocturno durante toda la ruta, minado de estrellas, sentías que estaban cerca, podías pensar en la grandeza del universo y en lo pequeño de tu ser. Un escenario perfecto para practicar meditación de los 5 sentidos.

Yo traté de concentrarme en la respiración, especialmente cuando las subidas eran pronunciadas. Se nos dijo que los 3 primeros kilómetros eran los más difíciles, pero pienso que fue el 6 y los últimos 2. A medida que subíamos, como es lógico,  el frío se intensificaba. Yo soy friolenta, así que iba agregando capas de abrigo conforme iba sintiendo la necesidad. Siempre me adelantaba y  hacía una pausa para esperar a mi novio que llevaba un ritmo más lento debido al peso.

Sentí una gran decepción cuando vi un letrero que decía que íbamos por el km 7,5 de la ruta. En mi mente y de acuerdo a los relojes que teníamos, debíamos ir por el km 9 o 10. Esto me afectó un poco, pero decidimos continuar. A lo largo de la ruta vimos linternas detrás de nosotros. Primero fue una muchacha rubia, joven que nos pasó por un lado a un paso bastante acelerado. Iba sola, con ropa no tan abrigada y un pequeño bolso. Sólo alcanzamos a decirle: Eres valiente! Luego, una pareja de chicas, llevaban música, estaban bien abrigadas, zapatos deportivos y al parecer, suficiente equipaje. Más adelante una pareja: el muchacho iba       primero cargando dos bolsos, la muchacha sólo llevaba botellas de agua en sus manos, también nos pasaron. Luego, una pareja de chicos, que sólo expresaron: “Es duro…muy Duro!” al pasar a nuestro lado. Y por último otra pareja de chicos, que se mantuvieron más o menos a nuestro ritmo y nos encontramos varias veces en el camino.

Cada vez que nos parábamos el frío te invadía, por eso prefería mantenerme caminando y si me detenía intentaba saltar o hacer movimientos para no enfriarme tan rápido. Me sorprendí de mi misma, porque no me pegó la altura ni sentí dolor de cabeza, ni mareos. El peso de mi bolso fue soportable también. Como dije antes, para mí los últimos 2,5 km fueron los más difíciles. Ves las antenas en la cima del volcán, sabes que estás cerca pero aún caminas demasiado, la subida antes de llegar es el infierno!. Por un momento tienes dudas de si lograrás llegar a tiempo, porque ya habían pasado las 6:00 a.m. Una parte de mí se empujaba y veía hacia atrás intentando seguir el rastro del sol, como si estuviera en una carrera contra el tiempo. Fui la primera de nuestro grupo en llegar a la cima, el sol aún no había asomado sus primeros rayos. Esperé a los demás y nos reunimos para abrazarnos y  gritar: ¡Lo logramos! Sentí una inmensa satisfacción.

Amanecer volcán barú

Una vez arriba, ves el letrero que indica que estás en la cima del volcán Barú a 3.475 msnm. Puedes ver las antenas de cerca, en su tamaño real. Hace un día lucían tan pequeñas desde el jardín del hostal y desde la plaza del pueblo. La gente intenta subir hacia una cruz que está en el extremo para tomarse fotos. Yo no quise hacerlo porque el terreno era muy arenoso. Decidí tomar un lugar para esperar el amanecer y ver los dos océanos. Hacia el lado del Atlántico estaba tapado. Tuvimos que esperar un poco que la brisa se llevara las nubes que lo cubrían. Aprovechamos de desayunar, hidratarnos, tomar fotos. Él tomo una pequeña siesta en la hamaca. A eso de las 8:00  a.m. comenzamos a bajar.

Antenas volcán barú

Las Antenas

Vista al Atlántico volcán Barú

Vista al Atlántico

Vista Pacífico volcán Barú

Vista al Pacífico

Hacer la ruta en el día es otra experiencia, puedes contemplar las flores del camino y los distintos colores. No hay muchos animales, pero escuchas las aves que se pasean de un lado a otro. Ves con claridad el terreno, los avisos con los kilómetros que recorres, todo parece y luce muy diferente. En los primeros kilómetros siento lo difícil que será la bajada. Me empiezan a doler las rodillas. En la subida no sentí molestia, pero de bajada fue casi inmediato. En un punto tenía que hacer pausas cada vez más seguidas, sentí que las rodillas no me respondían y debía caminar como Forrest Gump cuando tenía el aparato.

El descenso fue realmente tortuoso, el dolor en las rodillas me afectó más que cualquier otra cosa, pero mis compañeros estaban afectados por dolores de espalda, musculares, cansancio y sueño. Hay kilómetros donde sientes que caminas y no avanzas y miras en el horizonte bajadas que parecen interminables.

Ruta bajada volcán

Nuestro cuarteto siempre se mantuvo unido.  Nos esperábamos, hacíamos pausas si alguno lo necesitaba y nos rezagábamos si alguien tenía que ir al baño. El viaje estuvo cargado de historias de lado y lado que trataban de hacer la ruta más llevadera. Al faltar 4 kilómetros para llegar, la otra pareja se adelantó y yo tuve que utilizar todos los recursos que tenía a la mano: meditar, orar y visualizar que llegaba al destino. Me quería teletransportar, quería que me rescataran. No aguantaba el dolor en las rodillas.

Faltando dos kilómetros, apareció como caído del cielo un señor en una camioneta que preguntó por nosotros, dijo que lo había mandado nuestro compañero de ruta —Thiago—. Era un taxi que se encargaba de  rescatar a la gente en los últimos kilómetros, porque es donde se sufre más por el cansancio extremo. En ese momento sentí un alivio, nuestros compañeros estaban más adelante. Nos subimos todos al carro y salimos de allí. La ruta al volcán  quedaba atrás y con ella todos los miedos, inseguridades, dudas y obstáculos superados. La alegría, satisfacción y orgullo, en cambio, se fueron con nosotros a casa.

Los 4 cima volcán barú

Puedo resumir algunas de las lecciones de este primer #Reto2017: la ruta al volcán Barú:

  • Escoge retos ambiciosos, pero que sean alcanzables para ti.
  • Cada persona vive las experiencias de un modo diferente. Podemos tener puntos de vista distintos respecto a un mismo hecho.
  • No dejes que el miedo te impida vivir nuevas experiencias.
  • No dejes que las malas experiencias de otras personas condicionen la tuya.
  • En este tipo de retos, cada quien se enfrente a sus propios límites y condiciones. No te compares con los demás. Vive tu propia experiencia!
  • Antes de asumir el reto, prepárate!. Lee, investiga, pregunta, contrasta la información y trata de ser lo más objetivo posible. Ten lo necesario, entrena.
  • Si tienes la oportunidad de hacerlo en grupo, trata de compartir con las otras personas. Aprovecha de conocer gente nueva, hacer nuevos amigos, compartir tu cultura y aprender de la de ellos. Muéstrate empático.
  • Aprovecha estas experiencias para conectarte contigo mismo, para meditar, orar, vivir el presente, contemplar y agradecer. Conocer tu cuerpo y la respuesta a los estímulos que tienes en frente. Sentir  el cambio en tu respiración y ritmo cardíaco. Hazte consciente de tus fortalezas, pero también de tus debilidades.
  • Si alcanzas tu objetivo, celébralo! Y agradece la oportunidad de vivir esa experiencia. Valora los detalles y los obstáculos que pasaste para llegar hasta allí.
  • Registra tu experiencia, principalmente en tu memoria. Si tienes oportunidad, escríbela en tu diario o #cuadernoparafluir. Luego, compártela con la gente que quieras. Tu experiencia puede ayudar a otros!
  • Y no te olvides de perseguir tu #estadoflow!

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Un fuerte abrazo y buen flow para todos!

3 Comentarios

  1. Me gustó mucho. El lunes a por la cima !!

  2. woow muchas gracias por animarme, ya que estaba desmotivada por los comentarios de personas que decian que si no estabas bien entrenado mejor no fueras al Volcan Baru, pero es cierto no me debo dejar influenciar de las experencias de los demas
    gracias te mando un fuerte abrazo

  3. Alejandro Hernández Aguilar

    6 Julio, 2020 at 3:11 pm

    Mis felicitaciones amigos, tengo el proyecto de recorrer centro y sur América en un tiempo más y estoy checando los lugares que visitaré en nuestro recorrido; ya está en mi agenda la del Volcán Baru; me servirán muchísimo sus consejos. Gracias

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