Maestría Shokunin

La maestría: ese estatus que denota el dominio de un arte, oficio, deporte, conocimiento; anhelado por muchos y asociado con el genio y la inteligencia en ocasiones. Sin embargo, existe evidencia de que cada uno de nosotros puede trabajar para alcanzar la maestría en un área específica. Tiene que ver con la vocación, pero también con el esfuerzo que ponemos en el aprendizaje y en la práctica.

Quizás sea la primera vez que escuchas la palabra  Shokunin y te estarás preguntando ¿Qué tiene que ver con la maestría? Shokunin  es una palabra japonesa traducida al idioma occidental otorgándole el significado  literal de “artesano”. Y ciertamente, Shokunin tiene que ver con el dominio de las habilidades técnicas de un área específica, pero también con una actitud impecable, el aprendizaje continuo, ser mejor cada día  y  tener una conciencia social. 

La cultura japonesa se destaca por poner en práctica distintos conceptos y metodologías orientados al mismo fin. Así, por ejemplo, encontramos la filosofía Kaizen o de “mejora continua”, que busca la implementación de pequeños cambios continuos para mejorar la calidad de los productos o servicios a largo plazo.

La filosofía “Zen”, por su parte, nace como una combinación del pensamiento y práctica de tres culturas diferentes. Refleja el estilo de vida japonesa con la influencia y el misticismo hindú y algunos aspectos del Taoismo. “Zen” es esencialmente Budista y lógicamente persigue la “iluminación”. Los maestros hacen referencia a que el “Zen” está presente en la vida diaria, en las cosas cotidianas, por ello es lógico pensar que se involucre la filosofía en cada actividad que se realiza.

La pureza y esencia del “Zen” consiste en devolvernos la naturalidad. Trata de reencontrarnos con lo que realmente somos y vivir el momento presente tomando conciencia de cada cosa que hacemos, la meditación es clave en este proceso. Debido a que en la filosofía “Zen” se alcanza la iluminación a través de las tareas diarias, su práctica ha permeado las artes, la caligrafía, la jardinería, la ceremonia del té, las artes marciales, cocina y demás actividades de la cultura japonesa.

Estas actividades llenas de espontaneidad, sencillez, simpleza, y una entrega profunda de la mente, se consideran vías hacia la iluminación. Algunas, involucran movimientos lentos, pero sobre todo requieren el perfeccionamiento de la técnica sabiendo que “la maestría real sólo se logra cuando se trasciende la técnica y el arte se transforma en un “arte sin arte”, brotando del subconsciente.”   

Este tipo de pensamiento presente en las distintas expresiones de arte y disciplinas japonesas, confluye en un largo camino de aprendizaje, que persigue la ejecución de una técnica casi perfecta, que refleje las percepciones del espíritu, así como la conexión intrínseca entre este último con la mente y el cuerpo. Para ello, se debe trabajar en alcanzar la estimulación y el despertar de los sentidos así como  la conexión con el medio que te rodea.

El documental “Jiro Dreams of Sushi” de David Gelb relata la historia de Jiro Ono, el japonés dueño  y chef del restaurant Sukiyabashi Jiro, acreedor de tres estrellas Michelin.  Jiro, ha sido calificado por colegas y clientes como uno de los más grandes representantes en la preparación del Sushi. Su  historia es la ejemplificación perfecta de lo que es ser un Shokunin. A continuación te contamos lo más resaltante de su filosofía de vida.

Jiro comenzó a trabajar en cocina a los siete años, y luego se mudó a Tokyo en donde trabajó como aprendiz y se formó en el área de Sushi. En 1.965 abrió el restaurante que conserva hasta hoy y continúa trabajando cada día para ofrecer el mejor producto a sus clientes. Su percepción sobre la vocación es bien particular. Para Jiro tienes que enamorarte de lo que haces, una vez que decides que es lo que quieres hacer. Esto cambia un poco el pensamiento de sentir esa pasión inicial por la profesión y se orienta más a un sentimiento que se va construyendo y trabajando en el día a día pero que nace de la aspiración y el deseo de convertirte en un maestro en tu área o en tu habilidad. Ser un maestro implica ganarte el respeto y un trato honorable.

El Sushi, así como las otras actividades que repasamos con anterioridad  evoca simpleza y sencillez. Tal vez allí radica la complejidad a la que se enfrenta el maestro: Lograr que algo tan simple genere un impacto profundo en la persona que lo recibe, no sólo a nivel de sabor sino de conexión con los otros sentidos. “La máxima simplicidad lleva a la pureza”.

Alcanzar esos resultados no tienen que ver con técnicas exclusivas o secretas. De hecho, las técnicas que se utilizan en el restaurante de Jiro, en esencia, son conocidas por muchos. Dominar la técnica, requiere muchas horas de práctica. Hacer una y otra vez el mismo proceso. Combinar el talento natural que se tenga para destacar en alguna habilidad con el trabajo arduo.

Las personas como Jiro no encuentran una separación entre trabajo y vida. Lo que hacen, está integrado de alguna manera al resto de sus actividades. No pueden desligarse, piensan constantemente en cómo mejorar sus procesos, en nuevas ideas, nuevos descubrimientos. No piensan en días libres o vacaciones.  De hecho el nombre del documental de Gelb obedece a que Jiro solía soñar con el sushi, tenía visiones constantes mientras dormía.  Esto habla de la conexión entre mente, cuerpo y espíritu.

La filosofía Kaizen está presente en su metodología de trabajo. Cada servicio debe ser mejor que el anterior. Hay una orientación hacia la calidad del producto que se entrega, que comienza con la selección de los ingredientes, pero que es controlada en distintas etapas de la preparación antes de llegar al cliente. En estas etapas se ponen a prueba la autocrítica, el deseo de mejorar el producto, las habilidades propias y la autodisciplina.

Para algunos, Jiro es considerado un perfeccionista, para otros un excéntrico, pero reúne las características de un Shokunin: Alguien que repite una actividad todos los días, por el deseo de cumplir con esa actividad, por la satisfacción que le produce y  no en busca de reconocimiento. Esto es ejecutar una actividad en estado flow.

La especialización es importante en todos los oficios. Ser un Shokunin significa desarrollarte en un área particular. La obtención de un buen ingrediente pasa por comprarlo a una persona que está sintonía contigo, que te garantiza el mismo estándar de calidad y servicio. En el mercado de pescados, el vendedor de atún o camarones, debe dedicarse exclusivamente a esto. El vendedor de atún ha logrado armonizar sus sentidos al punto de poder reconocer a través del sentido del tacto y la vista cómo será el sabor de la pieza. En este nivel de compromiso se basa la relación de confianza en ambos casos.

Para Jiro, aunque seas un maestro en tu área y hayas dominado el arte, siempre hay lugar para mejorar. Tal como en el conocimiento, hay lugar para la evolución, para la creación e innovación. Un ejemplo es la evolución de su técnica de preparación del pulpo. Con los años fue aumentando el tiempo de masaje para lograr una textura suave. La temperatura de servicio se escogió en función de realzar su fragancia. El trabajo del shokunin aquí, consiste en aplicar la técnica más apropiada para resaltar el sabor del mejor ingrediente.

El Shokunin hace todos los días lo mismo, una y otra vez con el deseo de lograr algo mejor, pero lo utópico –por llamarlo de algún modo– es que se persigue entregar el mejor producto y se reconoce el deseo de lograr más, pero en esencia, se trata de disfrutar el proceso más que de llegar a un lugar en particular: “Continuaré subiendo, tratando de llegar a la cima, pero nadie sabe dónde queda la cima.” Jiro reconoce –aún a su edad– no haber alcanzado la perfección, pero encuentra satisfacción y  felicidad en lo que hace todos los días. Esto, es lo que debemos perseguir. Un sentimiento tan sencillo y a la vez tan elevado y sublime, allí radica el espíritu del Shokunin.

Tal como menciona Malcom Gladwell en su libro “Fuera de series”, alcanzar el dominio de una actividad particular requiere, al menos, 10.000 horas de práctica. De la misma manera, convertirse en Shokunin requiere al menos 10 años dedicados al aprendizaje y dominio de la técnica y las habilidades necesarias; aunque, en esencia, nunca debe abandonarse el aprendizaje si se quiere mantener el estándar de mejora continua. Para una persona en este proceso, alcanzar el título de Shokunin es motivo de orgullo y celebración.

Requiere años desarrollar la intuición. Esto te permitirá tomar decisiones más allá del análisis racional. Ver señales que otros no distinguen a simple vista. Entender cómo se relaciona un elemento particular dentro del entorno en donde está. Comprender el orden como parte esencial para alcanzar la armonía y el equilibrio, es un elemento clave dentro del proceso de formación del Shokunin.

El trabajo mostrado por un Shokunin,  puede lograr despertar más de un  sentido en la persona que lo recibe. La armonía de sentidos no sólo estará presente en el maestro sino que éste logrará transmitirla con el arte de su trabajo. Jiro, se preocupa por entender al cliente, varía las porciones del sushi dependiendo si el cliente es hombre o mujer, lo ubica en el plato atendiendo si eres diestro o zurdo. Esta atención a los detalles forma parte de la armonía y la conciencia social.

Ahora, es momento de dirigir la mirada hacia nosotros y preguntarnos: ¿Hemos conseguido enamorarnos de lo que hacemos? ¿Sentimos plena satisfacción con nuestro trabajo, más allá de esperar algo a cambio? ¿Continuamos buscando nuevas formas de elevar nuestro arte y mejorar día a día? ¿Estás observando más allá de ti mismo y tus propios límites? ¿Usas tus sentidos de manera integrada? ¿Estás impactando de alguna manera el entorno? ¿Continúas practicando conscientemente? Esperamos que este artículo despierte en tí el deseo de ser mejor cada día, te deseamos éxito en el camino hacia la maestría y especialmente, el camino que conduce a alcanzar el estado flow.

¡Un abrazo y buen flow!