Experiencias

“El propósito de la vida es vivirla, disfrutar de la experiencia al extremo, extender la mano con impaciencia y sin miedo a vivir experiencias más nuevas y más enriquecedoras”

– Eleanor Roosevelt-

Dicen que la vida se construye de experiencias, pero el hecho de vivir en sí, es toda una experiencia. Cada persona interpreta la vida de un modo diferente, se enfrenta a distintos viajes, desafíos y procesos, pero  hay elementos y características comunes para todos. Si te preguntaran hoy: ¿prefieres invertir en “cosas” o en “experiencias” qué responderías? difícil, ¿no?

Para nadie es un secreto el impacto de la información en los patrones de consumo. Vivimos en una época en donde la publicidad nos alcanza fácilmente y por distintos medios, nuevas tendencias se imponen día a día y se hace cada más difícil luchar contra la sensación de quedarse “por fuera” o sentir que “no perteneces” conocido como FoMO (fear of missing out), sin embargo, algunos estudios han demostrado que esta tendencia no necesariamente conduce a un mayor nivel de felicidad o hace que tengamos una vida más plena y placentera.  

Mihály Csikszentmihalyi -el psicólogo creador del concepto “flow”– dirigió una investigación tratando de responder a la pregunta: ¿Qué hace que la vida sea digna de ser vivida? En medio de su estudio constató que, a pesar de haberse incrementado el nivel de ingreso de la población americana en los últimos años, el nivel de felicidad se mantenía más o menos constante. Con base en estos resultados, intenta descifrar qué factores impactan el nivel de felicidad encontrando que los bienes materiales, una vez cubiertas tus necesidades básicas, no determinan una mejora sustancial en el nivel de felicidad.

Otra investigación de la Universidad de Cornell, llevada a cabo por Thomas Gillovich, trató de entender las preferencias de los individuos cuando se enfrentaban al dilema entre el  consumo de bienes materiales y las experiencias en relación a lo que les generaba mayor disfrute y sensación de felicidad.

Uno de los puntos relevantes de esta investigación se refiere al momento previo de la compra, el nivel de expectativa o sensación placentera que genera la “espera” previa a adquirir el bien material o la experiencia. Se encontró que el segundo caso resulta ganador. Podemos reconocer este punto, si intentamos recordar las líneas de espera que hemos hecho antes de subirnos a una atracción en un parque de diversiones, las horas previas a ver a nuestro artista preferido e incluso recordar las largas horas de espera que hicieron las personas en la ciudad de New York para sentarse unos minutos frente a Marina Abramovich en su performance “The Artist is present” en el MOMA. Para ilustrar el ejemplo les dejo el video que resume el último día de esta presentación.

En contraste, se puede pensar en las sensaciones y el comportamiento social durante las fechas de alto consumo como el Black Friday, Navidad y otras similares. A pesar de que son fechas en que debemos sentirnos felices porque vamos a hacer compras con grandes descuentos o tal vez obtener algún bien por el que hemos esperado mucho tiempo, algunas personas asocian estos momentos de espera con cierto nivel de ansiedad, estrés e incluso con generación de conflictos o focos de violencia.

Otro de los aspectos relevantes tiene que ver con el efecto a largo plazo que se genera. Por un lado, el adquirir cosas materiales nos puede generar felicidad, satisfacción y alegría, pero estas sensaciones están asociadas al efecto novedoso de la compra, efecto que va disminuyendo progresivamente hasta que llegamos al punto en donde necesitamos  sustituir el bien o adquirir nuevas cosas para revivir el sentimiento. Por otro lado, a pesar de que las experiencias se asocian a un espacio y momento determinado con un principio y fin establecidos, su vivencia genera un recuerdo que permanece a lo largo del tiempo y el hecho de evocarlo puede recrear sensaciones similares a las que se tuvieron en esa ocasión, es cierto, nuestra mente es un arma poderosa!.

Cada experiencia que vivimos va moldeando y construyendo nuestra personalidad e identidad. Es algo que nadie puede quitarte, tal como ocurre con las cosas que aprendes. Si miramos en retrospectiva, puede que existan algunas cosas que ya no llevas contigo, que dejaste en el camino, en alguna mudanza quizás, porque cumplió su vida útil, porque pasó de moda o porque simplemente no era necesaria. Por otro lado, cada cosa que experimentamos en el pasado -sea  buena o mala- ha sido almacenada en nuestra memoria, constituye una pieza clave de nuestra esencia como ser humano y forma parte de ese conjunto de herramientas que nos ayuda a enfrentar nuevas situaciones.

Otro  de los aspectos analizados en el estudio se refiere a la tendencia natural a las comparaciones, que suele acentuarse cuando adquirimos bienes materiales por encima de  experiencias, ya que estas últimas resultan más difíciles de medir respecto a las otras personas. Podemos comparar un evento pero no necesariamente la calidad de la experiencia que tuvieron las otras personas en él. Por otro lado, puede resultar más fácil generar empatía con otras personas que han tenido experiencias similares, por ejemplo haber recorrido un mismo sendero, ver algún show o espectáculo o probar algún tipo de comida más que tener el mismo teléfono o televisor.

La felicidad es uno de los temas más estudiados. Sabemos que no es un estado absoluto y permanente y que existen otras emociones que coexisten y se hacen presentes en diferentes situaciones. Sin embargo, es el estado anhelado por todos y casi todo lo que hacemos tiene como último fin proporcionarnos cierto grado de felicidad.

Extrañamente, muchas personas comienzan a darse cuenta de este hecho a una edad avanzada. En estos momentos comienzan a dar más valor a las experiencias cotidianas y son estos pequeños detalles los que le proporcionan mayor felicidad mientras que la gente joven tiene una tendencia a buscar felicidad a través de experiencias extraordinarias.

Tener una vida centrada en el nivel de riqueza y los bienes materiales, de alguna manera no te permite vivir el presente. En muchos casos, tu mente tenderá a trasladarse al futuro pensando en las cosas que aún no tienes o en el pasado pensando en las cosas que no hiciste. Está claro que la reflexión es necesaria, al igual que plantearnos metas y objetivos de cara al futuro, pero centrar nuestra atención y nuestros esfuerzos en la obtención de bienes materiales sin propósitos superiores no nos garantiza necesariamente la felicidad.

En el estudio se hace mención al argumento de “durabilidad” de los bienes materiales. Se cree que los bienes tendrán una duración superior a lo que podría ser una experiencia. Este argumento es válido. De hecho, muchas personas invierten en objetos de arte que han trascendido generaciones y tienen un valor histórico, artístico y monetario. Sin embargo, no todos los bienes tienen la misma vida útil ni cumplirán esta función. En contraste, pese a que las experiencias parecen ser  fugaces y durar sólo un breve instante en el tiempo, el hecho de que se conviertan en parte de un recuerdo -al cual podemos acceder en diferentes momentos- las hace más perdurables.

La experiencia como negocio:

Dado los resultados de estos estudios, no es de sorprender que algunos emprendedores hayan detectado una necesidad de mercado o un público objetivo a ser atendido. En este sentido, algunas empresas se han enfocado en dirigir sus estrategias de marketing a fin de promover experiencias de la mano de sus productos y otras, simplemente han centrado sus objetivos en crear experiencias que pueden ser comercializadas.

Así por ejemplo, una empresa de productos naturales como LUSH puede poner a disposición de los consumidores muestras que pueden tocar, oler, probar, ambientado con una decoración que evoca los lugares de donde provienen. Empresas como Wonderbox, El Corte Inglés, Smartbox y la Vida es Bella ofrecen paquetes o cajas de experiencias que pueden ser adquiridas para el propio disfrute o para regalar a alguien más. Van desde experiencias deportivas, gastronómicas, de aventura hasta las relacionadas con bienestar.

Se ha hecho costumbre asociar los regalos para “ocasiones especiales” con bienes materiales y nos hemos olvidado de toda experiencia que va a asociada al mismo. Desde la envoltura escogida, si es algo que debo abrir,  algo que puedo palpar, oler, sentir, leer, si implica alguna acción que debemos realizar, etc., tomar conciencia de las sensaciones que se producen en mí y el impacto que tiene a nivel emocional-sensorial. Todo este conjunto de cosas, al final formarán parte de un recuerdo que permanecerá más allá del presente.

El Minimalismo como opción:

Esta tendencia o filosofía bajo la cual algunas personas están viviendo puede parecer un poco extrema. El minimalismo, básicamente, busca centrar a la persona en lo que realmente es importante, eliminar las ineficiencias y excesos y conservar sólo lo necesario. Aplicar esta filosofía implica tomar conciencia en muchos momentos y especialmente en la toma de decisiones que tienen que ver con el destino de tus ingresos.  A pesar de lo difícil que puede parecer debido a las presiones del entorno, llevar un estilo de vida minimalista es perfectamente posible y hay muchas personas que lo aplican no sólo en relación a las cosas que poseen sino a sus pensamientos.

Independiente si queremos adoptar este estilo de vida o no, podemos aprovechar su idea central para reflexionar, por ejemplo, en lo siguiente: ¿Cuántas cosas que compramos no utilizamos más de una vez? ¿Cuántas cosas innecesarias estoy “acumulando” porque no puedo tomar la decisión de deshacerme de ellas? ¿Cuánto apego tengo por las cosas que poseo? O tal vez para hacernos más consciente en cada compra que hagamos y preguntarnos: ¿Es realmente necesario? ¿Estoy comprando por comprar? ¿Qué pasa si no tengo esto? ¿Puedo invertir este dinero de una mejor manera?

Si deseas profundizar este tema, te dejamos el trailer de este documental:

La promoción de la experiencia:

Una vez que se entienden e internalizan los resultados de este estudio, se abre espacio no sólo para la reflexión propia sino colectiva. Está claro que necesitamos ciertas cosas para cubrir nuestras necesidades básicas e incluso algunos deseos por encima de ellas. Pero vale la pena cuestionarnos hasta que punto cómo sociedad, como padres, como hijos o desde el rol que nos toque desempeñar estamos promoviendo la ocurrencia de experiencias y mejorando la calidad de dichas experiencias. Al final sólo tú puedes decidir que tiene más valor para ti y actuar en función de esto. Desde tu espacio y con una mente más abierta, puedes tomar pequeñas decisiones que te garanticen momentos de calidad y te aseguren un buen recuerdo!

Si eres un buscador de experiencias, esperamos que persigas muchas experiencias de #flow!

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Un abrazo y buen flow para todos!