Surf SUP y miedo

Una historia sobre superar el miedo  que me hechizó desde la primera vez que la oí es la de Jay Moriarty llevada a la pantalla grande en la película “Chasing Mavericks”.  Un chico de 16 años logra enfrentarse a una de las más peligrosas y destructivas olas  —considerada un mito por muchos— para hacer historia en el mundo del surf de grandes olas y alcanzar una conquista personal.

La idea o el presentimiento de que no tendría una vida muy larga, su amor por el mar y el surf, buena actitud y deseos de aprender lo llevan a someterse a un riguroso entrenamiento bajo la tutela de Richard “Frosty” Hesson, quien se encontraba dentro del selecto grupo que había podido surfear las misteriosas olas “Mavericks” de Half Moon bay en la década de los  80´s.

Parte del entrenamiento de Jay, consistía en incrementar el tiempo de aguantar la respiración bajo el agua y estar familiarizado con el entorno submarino al cual sería empujado si una “Maverick” llegaba a golpearlo. En una escena de la película, estando sumergidos, les rodea un tiburón blanco y Jay tuvo un ataque de pánico que lo dejó paralizado.  Al salir del agua, Frosty lo cuestiona sobre el episodio ocurrido y le explica la diferencia entre el miedo y el pánico.

Parafraseando sus palabras Frosty le enseña lo siguiente: el miedo es importante  porque te genera acción, hace que reacciones ante una determinada situación. El pánico, en cambio, hace que te paralices y si te paralizas estando sumergido a tantos metros de profundidad mientras estás siendo arrollado por esa gigantesca ola, probablemente estarás muerto.

Esta es una importante lección que debemos interiorizar como parte de esa lucha diaria que llevamos a cabo contra distintos tipos de situaciones. La vida está llena de retos constantes y alcanzar el estado de flow es un proceso que requiere tiempo y ciertas condiciones. El hacernos consciente de los riesgos y las consecuencias que enfrentamos puede contribuir en el proceso, pero la decisión de tomar acción y vencer nuestros propios límites depende únicamente de nosotros.

Tristemente, Jay no vivió demasiado tiempo como para que el mundo siguiera viendo sus hazañas. Pero definitivamente, fue una persona que impactó positivamente a su entorno. Su historia sirve de inspiración para muchas personas no sólo en el campo del surf sino en cualquier disciplina.  De hecho, hay un lema que resume su filosofía de vida: “Live like Jay”. Quien fuera su esposa comentó luego de su muerte: “Live like Jay”  no significa que tengas que ser un duro, un surfista de grandes olas. Jay sabía, incluso para él, que con el tiempo iba a terminar. Esto significa descubrir por qué estás aquí y seguirlo. Sé fiel a ti mismo y trata bien a los demás”.

Yo me reconozco como una persona que tiene muchos miedos. Miedos que suelen estar apalancados en prejuicios auto impuestos que alimentan el “no accionar”. En mi caso, el miedo —más que el pánico— se traduce en paralización o ganas de no enfrentar determinada situación, y no hay nada peor que sentirte estancado o atrapado sin poder avanzar.

Lo cierto es, que convivo con una persona que  suele empujarme a hacer cosas que por mi misma tal vez no haría. Así, terminé haciendo un curso de apnea años atrás, tomando clases de surf y escalando unas cascadas colgada de una cuerda.

Hace unas semanas, estábamos en una playa del Pacífico —que suele ser especial con el tema de las mareas—.  La marea estaba baja, sin embargo había cierto oleaje como para correr algunas olas con la tabla de surf. Pero, si lograbas pasar la rompiente podías navegar con la tabla de SUP (Stand Up Paddle), por todo el extremo de la playa y un poco más adentro. Él se divertía haciendo ambas actividades, pasando de una a la otra durante gran parte del día.

A mí me encanta el SUP, pero sólo la idea de enfrentarme a la rompiente de las olas con esa tabla —mucho más grande que yo— tener que sostener el remo, el temor de caerme o que la ola me arrastrara, hacía que desistiera de la idea sin dudarlo. Mi zona de confort, en esa actividad,  se encuentra en playas de aguas tranquilas, donde no hay  mayor oleaje. Pero esto limita mi experiencia y la frecuencia en que puedo practicarla.

Él me insistía que lo intentara y yo cerrada, sólo veía las olas y me negaba. Ya casi al final de la tarde, la marea había subido y las olas rompían casi en la orilla. Ante mi negativa, él decide entrar al agua con la tabla y empieza a insistirme para que lo acompañe. Yo me aproximo a la orilla y escucho el estruendo de la ola golpeando las piedras, siento la fuerza del agua y me paralizo nuevamente.

La tabla ya estaba más allá de la rompiente, pero en mi cabeza yo sólo podía pensar: “Soy muy pequeña, el agua me rebasará”, “No alcanzaré a subirme a la tabla”,  “¿Y  si viene una ola que me hace caer?”, “¿Quién sostendrá el remo?”.

Ante tanta insistencia, finalmente me lancé. Él sostuvo la tabla mientras me subí a ella y una vez arriba empecé a remar de rodillas —es la posición más segura para arrancar—. Al cabo de unos segundos, remé un poco más adentro y sentí la seguridad suficiente para levantarme. Estando de pie, miré al infinito y sentí control total  mientras el suave movimiento de las olas golpeaba mi tabla sin lograr desequilibrarme, sin hacerme perder el balance. Fue una experiencia única que vivía por primera vez en este tipo de aguas.

Luego, él me pide regresar y me pregunta si me arriesgo a que vayamos los dos en la tabla mientras él rema. Yo decido aceptar y nos aventuramos. Tuvimos que sortear el desequilibrio mientras encontrábamos la posición idónea. Nos caímos un par de veces  hasta dar con el punto en que todo fluyó. Nos reímos luego de cada caída.  En ese momento pensé: “De esto me hubiese perdido si no decido enfrentar el miedo, si no lo intento, si no decido entrar al agua.”

¿Cuántas veces nos ocurre esto en la vida? A veces el momento sólo pasa y no lo podemos recuperar, no podemos volver el tiempo atrás. Lo sé, el miedo y el pánico nos paralizan, pero podemos intentar luchar contra él. Apoyarnos en quienes nos presionan más allá de nuestros límites, nos apoyan, nos sostienen; en quienes reman con nosotros y simplemente  intentarlo; porque el aprendizaje y la experiencia siempre merecen la pena (Aunque tengas que saltar de la tabla cuando la ola casi te alcance, una vez más!)

Un abrazo y buen flow para todos!